¿Cómo se forja un gran velocista?
En 2003 científicos australianos descubrieron que un gen llamado ACTN3, tenía ciertas variantes que podían dar a los músculos de deportistas de élite una ventaja de rendimiento.
Reuters
Londres.- El dominio de jamaiquinos y estadounidenses de ascendencia africana y caribeña en el atletismo de clase mundial ha generado un intenso debate en torno a si el hecho de correr hasta el límite de la capacidad humana está en los genes.
Es una idea que tiene su atractivo. Después de todo, es desconcertante que la pequeña nación de Jamaica, con una población de sólo 2.8 millones de personas, pueda producir con regularidad velocistas que baten récords mundiales, mientras toda Europa apenas puede registrar un puñado de atletas entre los 100 mejores.
Científicos deportivos y especialistas en genética dicen que atribuir el éxito en el atletismo de velocidad puramente a la naturaleza, en lugar de incluir la formación, es demasiado simplista e ignora una abundancia de factores culturales y sociales que son igualmente importantes para vencer el reloj.
“Lo que sabemos sobre los genes en el deporte es que la composición genética influye en alrededor de un 50% de variabilidad en el rendimiento base. Lo que básicamente nos dice es que el rendimiento deportivo es una combinación de lo innato y lo adquirido”, explicó Ken van Someren, director de ciencias deportivas en el Instituto Inglés de Deporte.
¿Genes de velocista?
Bengt Saltin, profesor de fisiología humana en el Centro de Investigación Muscular de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, dice que el balance de movimientos de fibras musculares de contracción rápida y lenta es la clave.
Las fibras musculares rápidas producen la misma cantidad de fuerza por cada contracción que los músculos lentos, pero llevan ese nombre porque pueden reaccionar mucho más rápido, lo que las hace mejor para pruebas deportivas explosivas, veloces y enérgicas como lo es la de 100 metros planos.
Y aunque el entrenamiento y la práctica evidentemente pueden mejorar el rendimiento muscular,las evidencias sugieren que las fibras de contracción lenta no pueden convertirse en fibras veloces, lo que significa que los atletas tienen lo que hay en sus genes.
“Si uno no tiene al menos un 70 u 80% de fibras musculares de contracción rápida, diría que es poco probable que pueda estar entre ellos (los velocistas más destacados del mundo)”, apuntó Saltin.
“Pero si uno tiene ese nivel, probablemente pueda hacerlo bien, y si tiene un 80 o 90 por ciento, es incluso mejor”, agregó.
Controversia
Una ráfaga de emoción sobre la idea de genes para la destreza atlética se desató en el 2003 cuando científicos australianos descubrieron que un gen llamado ACTN3, tenía ciertas variantes que podían dar a los músculos de deportistas de élite una ventaja de rendimiento.
El estudio, publicado en el American Journal of Human Genetics, reveló que el ACTN3 podía dar a los velocistas un impulso porque daba energía extra a las fibras musculares de contracción rápida.
Estudios muestran que esa versión del ACTN2 -apodado el “gen del sprint”- es más común en jamaiquinos y otras personas con ascendencia de Africa Occidental que en aquellos con antepasados europeos.
Sin embargo, científicos señalan que aunque el genotipo “indicado” podría ser más frecuente entre, por ejemplo, los velocistas exitosos, que en la mayoría de la población; también es probable que exista una amplia variación entre los perfiles genéticos de aquellos que están en la cima del deporte.
“Mientras más cerca de la élite se está, más cerca de los límites de rendimiento, la composición genética puede poner algún tipo de barrera invisible allí”, señaló van Someren.
“Pero no hay un gen individual que cuente para la velocidad y la energía, ni para el sprint. Por lo que sabemos hasta ahora parece haber una interacción realmente compleja de muchos genes“, continuó.
De ese modo, van Someren descartó la posibilidad.
“Así que es imposible decir si hay un genotipo africano para la velocidad o uno para el atletismo de resistencia. Los genes tienen un juego aparte”, remarcó.
Factores externos
Científicos dicen que una explicación centrada en genes también resta importancia a toda una serie de factores psicosociales y culturales que pueden contribuir de manera importante al éxito de los velocistas jamaiquinos.
Expertos también destacan la inversión de Jamaica en infraestructura y sistemas de entrenamiento para cultivar potenciales atletas de élite, una cultura que idolatra a sus velocistas y un poderoso deseo entre los jóvenes por usar al deporte para sacar a sus familias de la pobreza.
“Tienen modelos y oportunidades, es un evento divertido, sociable y competitivo desde una edad muy temprana, y tiene grandes recompensas, tanto financieras como sociales”, subrayó van Someren.
Daniel MacArthur, uno de los investigadores de la publicación del 2003 que relacionaba al ACTN3 y el rendimiento atlético, dice que lamenta que el estudio haya derivado en un exagerado énfasis sobre lo que algunos quieren ver como una ventaja evolutiva.
“Es casi verdadero que Usain Bolt porta al menos una de las variantes del gen ‘del sprint’ ACTN3 (…) Pero también yo, junto a los alrededor de 5,000 millones de humanos en todo el mundo”, escribió MacArthur en un blog científico sobre el tema.
“Eso no significa que me vayan a ver en la final de los 100 metros en Londres 2012. Desafortunadamente para mí, crear un deportista olímpico exige mucho más que tener un gen de la suerte”, agregó.
















